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sábado, 18 de julio de 2020

Las ilustraciones de Stuart Tresilian para Enid Blyton

   

Aventura en el mar

Cuarto episodio de la serie 'Aventura'

   
Ilustración de cubierta de Noiquet
para la segunda edición de Molino.
La primera de las aventureras vacaciones de Jorge y Dolly Mannering y Lucy y Jack Trent tuvo lugar en una isla. Han pasado tres veranos desde entonces, y los cuatro muchachos vuelven al mar, escenario privilegiado de las más emocionantes de sus peripecias. Navegar es para ellos un ejercicio natural, para envidia de sus lectores hispanos de mediados del siglo XX, cuyas vacaciones solían limitarse a viajar al pueblo de donde procedían sus familias, y su principal aventura no pasaba de las "dreas" (batallas a pedradas con los niños del pueblo de al lado) o el baño en el río, la charca o el estanque o, con mucha suerte si se trataba de un pueblo costero, en la playa.
No deja de ser curioso cómo la literatura juvenil británica conectó con el lector español, cuyas costumbres y hábitos tenían tan poco que ver con los de los protagonistas de aquellas maravillosas historias: los tés de las cinco de Guillermo Brown y sus amigos, con sus tostadas con mantequilla, sus bollitos, el bloque de azúcar con el macito..., el pastor protestante y la escuela dominical, los clubes y asociaciones culturales, los gitanos con sus carritos...
Imagen de cubierta de la edición de Thames (1960),
con nueva ilustración de Tresilian.
Dolly, Lucy, Jack y Jorge (y, naturalmente, el loro Kiki) están de nuevo de vacaciones... aunque este año han sufrido un percance que cambia la perspectiva habitual: atacados los cuatro por el sarampión, aunque a ellos les apetecería volver al colegio a pasar el curso de verano (misteriosa actitud vital desde el punto de vista del lector hispano, siempre encantado de poder prolongar la etapa vacacional con el menor motivo), el médico les prohíbe reincorporarse al estudio hasta haber quedado completamente liberados de la enfermedad. La señora Mannering, madre de Dolly y Jorge y que ha tomado también para sí la responsabilidad del cuidado de los hermanos Trent, intenta contratar una institutriz, lo que los chicos evitarán con una de sus habituales tretas, para la que Jorge emplea un par de ratas con las que ha trabado amistad, siempre en su línea. Resignada, Ellie Mannering propone un nuevo plan: una temporada en la costa, donde Jack pudiera estudiar las aves marinas, acompañados por un grupo encabezado por un ornitólogo... Y así da comienzo otro tranquilo verano que Enid Blyton no dejará que termine sin dar lugar a emocionantes aventuras. De nuevo Jack "adopta" nuevos personajes alados que les acompañarán y ayudarán cuando lo necesiten, dos frailecillos (aves marinas de las que no sé absolutamente nada por lo que no puedo dar más detalles), cuyos nombres, traducidos al castellano, quedaron en unos bastante ridículos "Soplando" y "Bufando".
Como es habitual, la historia no sería la misma sin los geniales dibujos de Stuart Tresilian, parte fundamental del interés de esta colección. Igual que en los capítulos anteriores, las ilustraciones de Tresilian vienen al blog en sus páginas completas, tal como las publicó la editorial Molino en los años cincuenta, incluyendo las estupendas portadas a doble página, tanto las originales británicas como las no menos hermosas de Molino, obra de nuevo de Pablo Ramírez y Noiquet. Disfrutemos pues de la nueva aventura.
 





















martes, 14 de julio de 2020

Toutain, Ortiz y los mitos del Oeste (I)

   

Wild Bill Hickcok

   
El Oeste, las historias de pistoleros, indios, jinetes, cowboys, saloons, sheriffs, duelos y tiroteos, mujeres de turbio pasado... Una importante parte de la memoria de quienes nacimos antes de los años cincuenta del siglo pasado trata de aquel espacio heroico. Aquel mundo maravilloso de aventura y heroísmo, extensos paisajes, malvados con carácter, indios salvajes y héroes indespeinables tenía todo lo que un chaval de aquel tiempo necesitaba para gozar de la vida. En los programas dobles de la sesión continua del cine del barrio, en las novelitas que cambiábamos en el quiosco (entonces compuestas de cuadernillos cosidos con hilo, no en la seudoencuadernación "a la americana" que sufrimos hoy en día) o en libros de autores más "reconocidos" (Zane Grey, Fenimore Cooper, Karl May...) saciábamos nuestra sed de aventura.
El tebeo, la historieta española, como no podía ser de otra manera, abrazó aquel género desde sus primeros vagidos, y por sus páginas cabalgaron mil héroes nacidos en Italia (El pequeño sheriff, Jabato, Búfalo Bill) o en nuestra piel de toro (El pequeño luchador, El rey del Oeste, El Jinete Fantasma, Chispita, Dan Barry el terremoto, El Coyote, los Dos hombres buenosYuki el temerario, Mendoza Colt, Apache...), que semana tras semana convertían la gris vida real en un escenario de maravillosos episodios. La mexicana editorial Novaro nos surtía de vaqueros llegados del auténtico mundo en el que existieron en la realidad, o en donde se inventaron. Red Ryder, Hopalong Cassidy, Tomajauk, Gene Autry, Roy Rogers... Aparte del pelirrojo jinete de Fred Harmann y un poco del enmascarado Llanero Solitario, el resto de aquellos "auténticos" vaqueros fueron siempre mucho menos "reales" que los "nuestros". Su lucida vestimenta y sus más bien sosas aventuras tenían poco que ver con la maravilla del oeste a la española, aunque el lujo del color y el precio disparado de sus revistas les aportaban un caché incomparable.
Pasada la fiebre del cuaderno, terminada la década prodigiosa, en la que el tebeo español sufrió una decadencia imparable, machacado por la censura, oscurecido por la llegada de los superhéroes en pijama de Marvel... y seguramente con la generación que vivió la edad dorada dedicada más a buscar los números perdidos de las colecciones amadas que a engancharse en nuevas aventuras y los lectores nuevos con gran parte de su tiempo ocupado en otras atracciones modernas, especialmente, pero no sólo, la televisión, llegó el momento del despertar del "comic", el tebeo adulto. El punto culminante de aquella revolución fue la aparición, en 1977, de la revista Totem, de la editorial Nueva Frontera, en la que por fin el aficionado español pudo leer en su idioma páginas y páginas de autores de los que llevaba mucho tiempo oyendo pero que no estaban al alcance de muchos: Hugo Pratt, Guido Crépax, Moebius... En la estela de Totem, Nueva Frontera lanzó otras dos cabeceras, Blue Jeans y Bumerang, y otros sellos se lanzaron por el camino abierto. La historia del tebeo español había pasado una página, y desde entonces comenzó a ser ya otra cosa.
En la revista Blue Jeans se publicaron una serie de historietas dedicada a figuras más o menos auténticas del Oeste con guiones de Josep Toutain y potentes dibujos de José Ortiz. Los héroes retratados fueron Wild Bill Hickok (en dos episodios, aparecidos en los números 8 y 9), Bat Masterson (número 10), Sitting Bull (número 21), Billy the Kid y Pat Garrett (número 22), Jim Bowie (número 23), Butch Cassidy (número 24) y Wyatt Earp (número 25). Con esta entrada inicio la recuperación de las siete leyendas que Toutain y Ortiz reflejaron en sus historietas. Con ustedes, el salvaje William Hickok.

   







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