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viernes, 18 de mayo de 2018

Un autor con el que me cuesta conectar

     

Richard Corben

    
Esta entrada en realidad debería formar parte de la serie dedicada a los artistas del espanto que comencé hace meses, pero he preferido destacar la figura del autor del que quiero hablar hoy sin limitarlo al género del terror. Richard Corben es un dotado dibujante americano al que descubrí a finales de los años setenta y con el que mantengo una difícil relación de admiración y rechazo. 
Los relatos de terror de revistas como Dossier Negro, Delta o Vampus dieron a conocer al aficionado español un puñado de firmas de grandes artistas, de los que Corben fue uno de los más destacados. Al principio, su dibujo me atraía y disfruté de aquellas terribles historias macabras, pero a medida que el reconocimiento del dibujante de Kansas fue creciendo yo empecé a tener problemas con sus historietas, hasta que llegó Den, una serie que se me atragantó desde las primeras páginas. Los personajes que parecen danzar por las viñetas, las anatomías desmesuradas, el omnipresente desnudo con las elefantiásicas ubres y la pendulante minga del prota... el caso es que me estomagaba, y no he sido capaz siquiera de terminar de leer aquella saga. No sé si conseguí reunir todos los episodios, pero sé que tengo sin leer más de un tomo de los que andan por mis estanterías.
Repaso hoy algunas de las primeras historias negras de Corben para recordar lo que me gustaba de él. Son relatos cortos de terror en blanco y negro publicados en España en la revista Delta, una con guión de Gerry Conway, la segunda escrita por el propio Corben y la otra de Donald F. McGregor. Añado una historieta en color algo más moderna que me parece buena muestra de lo que menos me gusta del autor. Es un relato de ciencia ficción en el que Corben escribe y dibuja una historia que a mí, personalmente, me parece algo gratuita, sin el menor interés, y el dibujo, muy bonito y bien acabado, tampoco me dice nada.
Se me perdonará que ocupe hoy el espacio de este blog (que no tiene otra voluntad que compartir mis aficiones y caprichos) con mis manías y neuras de un modo aún más acusado de lo acostumbrado.
      
























martes, 3 de octubre de 2017

El cómic vivo II

Otros doce locos pintan sus monos para Toutain



El cómic vivo (II)

 

Otra recuperación de aquella burbuja en la que me engolfé hace años. Continúa aquí el cómic-juguete planteado por Josep Toutain a los más grandes dibujantes con otras doce páginas dibujadas, respectivamente, por Josep M. Beà, Víctor de la Fuente, Jordi Bernet, Auraleón, Jesús Blasco, Martín Salvador, Zata, José Bielsa, Antonio Hernández Palacios, Sanjulián, Jordi Longarón y Richard Corben. Como siempre, tras las imágenes se reproducen los comentarios que en su día me provocaron.








Otra docena de artistas continúan la descabellada locura comenzada por Pepe González siguiendo las órdenes de Josep Toutain.
Este juego “intrascendente” llevado a cabo por Toutain a mayor gloria de sí mismo que reunió a lo más granado de la historieta mundial de aquellos años se va convirtiendo ahora en un catálogo de ausencias. Si tanto José González, que le dio inicio, como el propio Toutain han dejado de estar entre nosotros, la segunda página de la entrega de hoy nos trae el recuerdo de Víctor de la Fuente, otra herida reciente en el cuerpo del mejor tebeo español de todos los tiempos, acompañado para la ocasión por otros ausentes insignes como Hernández Palacios, Jesús Blasco o Auraleón.
     Sirva esta ocasión de homenaje y reconocimiento a otro artista que supo hacernos disfrutar con su trabajo sin renunciar por ello a sus principios. Descanse en paz Víctor de la Fuente.
[Publicado originalmente el 15 de julio de 2010 en La Burbuja de Alejandro]

domingo, 3 de septiembre de 2017

La belleza del horror (I)

Artistas del espanto

Relatos publicados en los años ochenta en la revista Delta


Delta fue una de las primeras y más recomendables publicaciones de terror de finales de los años setenta. Sus primeros números se nutrieron de material del sello estadounidense Warren, relatos en blanco y negro, de entre seis y diez páginas generalmente, con un cuadernillo central en color en el que se publicaron en forma seriada historias más largas.
Entre los autores que aparecieron en la revista destacaron, como guionistas, Archie Goodwin y Greg Potter, y entre los dibujantes, Reed Crandall, John Sutton, Richard Corben, John Severin, Al Williamson, Pat Boyette... además de un puñado de dibujantes y algún guionista de nuestro país (José María Beà, José Ortiz, Miguel G. Esteban, Martín Salvador, Luis Domínguez, Andréu Martín y otros).
El tema tratado, el horror, el espanto, el terror, no impide que las viñetas dibujadas por estos artistas posean una belleza insolente, y me parecen merecedoras de figurar en este blog. En esta primera entrega, dedicada a autores foráneos, comenzaré con un dibujante que admiro, Reed Crandall, del que presento dos trabajos con guión de Goodwin: una hermosa adaptación de El barril de amontillado y una clásica historia de licantropía. En el caso del relato de Poe, en contra del criterio mantenido en el resto de las historietas, he "lavado" las páginas para destacar la limpidez del trabajo de Crandall. En el resto de la entrega mantengo el tono sepia del viejo papel, que aporta algo de sabor a las historias.











A continuación, dos relatos con guión de Chuck McNaughton e inquietante dibujo de Ralph Reese.












Ahora un dibujante con el que no consigo conectar, Richard Corben. En pequeñas historietas como ésta, sobre guión de Al Hewetson, me resulta más aceptable que en sus más conocidos trabajos.







Con Al Williamson me ocurre lo contrario, cualquier página suya me gusta, aunque no puedo dejar de pensar que su admiración por Raymond le impidió crear un estilo propio. Aquí le tenemos en una historieta selvática con guión de Goodwin.







Por último, otro guión de Archie Goodwin para un gran dibujante, John Severin.





Faltan muchos y buenos dibujantes de los que aparecieron en Delta (Sutton, Boyette, Colon, Marcos... además de los españoles). Quedan para otro día.