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miércoles, 13 de octubre de 2021

LA LITERATURA EN LOS TEBEOS

   

La isla del tesoro

    
La isla del tesoro es uno de los libros que he leído una y otra vez a lo largo de mi vida, siempre con la misma emoción que la primera vez. Jim Hawkins, John Silver, el doctor Livesey, la Hispaniola... son nombres que me acompañan desde mi infancia y que recupero a menudo, porque tengo la suerte de poder disfrutar repetidamente de lo que me gusta, así sea música, cine, literatura o gastronomía. De este modo, La isla del tesoro la he visitado tanto en su original forma literaria como en formato radiofónico, en un disco que se repetía a menudo en la cadena SER a finales de los años cincuenta, en las muchas versiones cinematográficas y en las no menos numerosas adaptaciones en viñetas.
El relato de Stevenson ha pasado ya por el blog en la hermosa versión en historieta de Hugo Pratt. Vuelve hoy en un tebeo publicado a principios de los años ochenta por Ediprint, traducción de un original estadounidense de 1973 adaptado por John Norwood Fago con dibujos de Nardo Cruz.
Leída hoy, esta adaptación resulta poco ágil, demasiado sometida a la obra original, olvidando un poco las posibilidades que ofrece la narración gráfica, pero la lectura mantiene la pasion del relato original, y el dibujo, si bien agobiado por el exceso de texto, tiene encanto.
Me ha chocado ver en un par de páginas una rosa de los vientos con el este colocado a la izquierda y el oeste a la derecha.
El ejemplar del que dispongo lo conseguí en un mercadillo de segunda mano, y sus condiciones no son demasiado buenas, con las páginas oscurecidas y llenas de manchas, por lo que, lamentablemente, he tenido que trampear bastante con el Photoshop para disimular en lo posible esas deficiencias, lo que, naturalmente, va en perjuicio de la calidad de la reproducción al dejar el dibujo demasiado lavado y con las líneas algo lastimadas. 
Acompañemos de nuevo al joven Jim Hawkins en sus aventuras en la isla donde el capitán Flint, junto con los arcones y barricas que contenían el fruto de sus correrías, enterró también a algunos de sus compañeros de pillaje