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miércoles, 9 de diciembre de 2020

Herederos de El Zorro

   

El Coyote en viñetas

Ya he dicho otras veces que la serie de José Mallorquí publicada por Ediciones Clíper es mucho más que otra secuela de las aventuras del enmascarado californio de Johnston McCulley. En el centenar largo de novelas en las que se desarrolla la saga mallorquiniana abundan las tramas escritas con inteligencia y capacidad fabuladora, documentadas cuidadosamente (téngase en cuenta que se trata simplemente de un pulp a la española) y que se disfrutan cada vez que se leen. 
Portada de Francisco Batet.
Evidentemente, el momento en que nació la colección imponía a los novelistas, especialmente a quienes, como Mallorquí, durante la contienda civil no hubieran participado en el bando "nacional", la exaltación patriotera y el fervor beatífico, y la abundancia de momentos de violencia extrema y la actuación más de venganza que de justicia del héroe enmascarado pueden resultar, en este tiempo de hipócrita corrección política, elementos de difícil digestión para espíritus incapaces de situarse en el contexto adecuado, pero creo que quienes vivimos aquellos años y los que siguieron deberíamos tener bien claro que el hecho de que la violencia aparezca más o menos justificada en una ficción no es mucho más peligroso para la formación de los jóvenes lectores que el asistir a enfebrecidas conquistas perejileras y que la justificación de guerras preventivas del inexistente armamento de destrucción masiva es mucho más deformante para el espíritu joven que contemplar la ejecución de un cuatrero colgado de un árbol o la muerte de un pistolero en un justiciero duelo...  novelesco, de película o de tebeo.
Las aventuras del enmascarado del rancho de San Antonio, además de su vertiente literaria, tuvieron una vida sonora en su emisión radiofónica, otra teatral, con varias adaptaciones escénicas, y otra cinematográfica, con dos coproducciones hispano-mexicanas que dirigió Joaquín Romero Marchent (sustituyendo al director mexicano Fernando Soler, inicial encargado de la tarea, que abandonó por razones no bien explicadas) y protagonizadas por Abel Salazar y Gloria Marín, que aunque no son realmente demasiado afortunadas, se aplaudieron en las salas de sesión continua y programa doble en los años cincuenta.
Hubo otra versión fílmica de 1998, dirigida por Mario Camus y con un sólido José Coronado y una hermosa aunque floja actriz Mar Flores como intérpretes principales, que no dejó de gustar a los aficionados, aunque no convenció demasiado a los viejos seguidores del personaje (al menos a quien firma estos comentarios). El Coyote tuvo también una versión gráfica, que es la que nos importa en este momento en el blog. 
En las novelas de la colección las ilustraciones corrieron a cargo de Francisco Batet (salvo el primer número, que llevó imagen de portada de Batlle y dibujos interiores de Alejo Coll). La aportación de Batet al éxito de la colección me parece indiscutible. La fuerza de su dibujo era un elemento fundamental en el atractivo de la lectura de cada novela. En la reedición de los años sesenta en formato de bolsillo las imágenes de portada fueron obra de Jano, magnífico ilustrador especializado en la realización de carteles cinematográficos y portadas  literarias, que realizó una estupenda colección de imágenes que revalorizaban una colección que careció de ilustraciones interiores.
Batet fue el encargado de llevar a la historieta por primera vez al héroe de Mallorquí, con guiones del propio escritor, en una larga colección de revistas con el nombre del personaje como título que tuvo un relativo éxito, aunque no logró igualar el de las novelas.
En los años ochenta, Ediciones Forum lanzó una colección de cuadernos en el formato comic book en los que recuperó algunos argumentos de las primeras novelas de la colección, editando simultáneamente una versión en álbumes del tipo franco-belga. Los guiones los firmaba J. García, y el dibujo corría a cargo de Julio Bosch y José María Bellalta. La colección no estaba mal, pero el tiempo para aquel material ya había pasado. Aun así, la serie se mantuvo durante veinticuatro números y ocho libros, lo que no estaba nada mal, aunque no respondía a lo esperado.
Traigo hoy al blog el primer libro, en el que se adapta la novela inicial de la saga, publicada en la colección Novelas del Oeste de Clíper, que se reeditó después como número extraordinario de la colección oficial del personaje. El álbum se completa con la segunda aventura del Coyote, en la que César de Echagüe se ve obligado a volver a enfundarse el traje mexicano y cubrirse con el antifaz como respuesta a los abusos gringos contra los californianos. 
El tebeo se lee con agrado. Se trata de una historia bien contada aunque realmente los argumentos ya están muy machacados. Aun así, para quien no conociera este material puede servir como introducción a la lectura de las novelas, y tampoco estará de más para despertar la memoria de quienes vivieran aquellas felices lecturas hace tanto tiempo que ya las tengan olvidadas.
    




























domingo, 24 de febrero de 2019

El Coyote (IV)

   

Otras luchas

Más títulos, nuevos personajes
   
Vuelve la saga del jinete californiano, de la que traemos hoy al blog cinco nuevos títulos, en los que Mallorquí sigue desplegando un retablo de personajes cada vez más definidos y mejor retratados. Si en entregas anteriores conocimos a Ricardo Yesares, "el otro Coyote", encontramos ahora a otros auxiliares del enmascarado: los hermanos Juan, Evelio, Leocadio y Timoteo Lugones, la india Adelia o el cochero mudo Matías Alberes; a adversarios con los que tendrá que enfrentarse durante toda su carrera, como el jefe de policía Teodomiro Mateos, y a otras figuras destacadas como el gobernador Luis Borraleda o el doctor García Oviedo, además de facinerosos de toda laya y mujeres fatales siempre menos fatales de lo que parece, de las que Mallorquí supo hacer uso repetidamente.
Las ilustraciones de Batet fueron una baza inigualable para el éxito de la colección, y en estos números se encuentran algunas espléndidas.
La primera novela de hoy es La victoria del Coyote, noveno título de la colección. En ella, el Coyote intenta inútilmente evitar que Jorge Azcón, un joven de buena familia prometido de una sobrina de don César, se convierta en aliado de una banda de ladrones de oro. El equivocado orgullo de Azcón no le permite aceptar la ayuda del Coyote y acaba provocando un trágico final para ambos jóvenes. Los Lugones tienen un destacado papel en este episodio.
   



   
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El segundo número que revisamos hoy tiene la importancia de traer al primer plano a César de Echagüe y Acevedo, El hijo del Coyote.
Traicionado por Patricio Sorenas, un californiano que quiere cobrar el premio ofrecido por la cabeza del enmascarado para pagar el tratamiento de su hija enferma, el Coyote cae en una trampa y resulta herido. Con la ayuda de Matías Alberes, Lupe, la criada de don César, consigue rescatarle y llevarlo de vuelta al rancho de San Antonio, pero la gravedad de la herida exige la atención de un médico.
Teodomiro Mateos y sus hombres, que han seguido al Coyote hasta las cercanías del rancho, lo tienen rodeado, y es Cesitar el encargado de traer al doctor García Oviedo esquivando a los vigilantes, mientras Ricardo Yesares toma el papel de Coyote para alejar a Mateos y sus comisarios y mantenerles ocupados durante días.
Finalmente, el Coyote castiga a Sorenas de la forma más inesperada... que para el lector avisado no lo es tanto.
   



   
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En el siguiente número, La marca del Cobra, vuelven a aparecer los hermanos Lugones y conocemos a un personaje de un tipo que Mallorquí repetiría muchas veces: un supuesto malhechor convertido en justiciero por una u otra razón. Pack Manigan, "El Cobra", prisionero en una penitenciaría, recibe de un compañero condenado a muerte el encargo de hacer justicia, ya que, aunque merecedor del castigo por su trayectoria, era inocente del cargo por el que fue acusado. Tras escapar durante la ejecución de la sentencia, Manigan intenta cumplir el encargo. Con la ayuda del Coyote y los Lugones, lo consigue finalmente, encuentra el amor y vuelve al penal para conseguir la rehabilitación.
El apodo de Manigan hace referencia a la supuesta especialidad del prisionero de matar a sus víctimas ahorcándolas con una soga, si bien acabaremos descubriendo que era inocente de los crímenes de los que se le acusaba. La marca se convierte en un elemento fundamental en la trama, aunque, a mi juicio, cogido bastante por los pelos. 
    




   
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El último relato que traemos hoy al blog ocupaba dos números de la colección, algo que hasta ese momento no había sucedido. El editor explicaba que se había preferido evitar la publicación de un nuevo número extra con mayor paginación y mayor precio (pues ya desde el número anterior había pasado a costar cada ejemplar 2,50 pesetas, con un aumento de cincuenta céntimos sobre el precio inicial).
Se nos narraba en estos dos números el ascenso de Luis Borraleda al puesto de gobernador de California, con la inestimable ayuda del Coyote y a pesar de las trampas de su secretario, el malvado Víctor Kennedy, con la ayuda de la hermosa princesa Irina Petrovna, otra de las mujeres fatales que poblaron las novelas del Coyote. La princesa Irina era en realidad la aventurera Odile Garson, y su intención era enamorar a Borraleda y hacerle perder las elecciones. En la primera parte de la aventura, la novela Otra lucha, el Coyote desbarata el plan de Kennedy, y Odile Garson se enamora sin esperanza del enmascarado, como es preceptivo en el género.
       



   
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La segunda parte de esta aventura, El final de la lucha, se centra en la última tentativa de Vic Kennedy contra el gobernador Borraleda, que, vuelto al redil del matrimonio tras su locura con la princesa Irina, se enfrenta a un secreto en el pasado de su esposa, que Kennedy pretende emplear para acabar con la carrera del político californio, lo que no conseguirá, naturalmente, recibiendo el castigo merecido a manos del Coyote. Borraleda, por tanto, conservará el puesto de gobernador con todos los merecimientos.