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miércoles, 24 de marzo de 2021

Historietas olvidadas

    

Una humilde joyita menor de Gabi

    
Concluía la década de los años cuarenta cuando la Acción Católica española publicó una revista juvenil, Trampolín, en la que se incluyeron historietas de autores como Serafín, Mena, Iranzo y otros. La serie que hoy llega al blog es obra de Gabriel Arnao, uno de los muchos historietistas que merecerían un recuerdo que hoy por hoy apenas se les presta.
Don Ataúlfo Clorato y su sobrino Renato se publicó en la portada de la revista católica durante más de treinta números, y volvió a aparecer algunas veces más en páginas interiores completas de números posteriores de la colección. Por lo que yo sé, ninguna otra cabecera compartió esta historieta, por lo que es posible que no existan muchos más episodios que los que he conseguido reproducir en esta entrada.
El humor de Gabi apela generalmente a la fuerza de los diálogos, por lo que las viñetas están ocupadas por grandes bocadillos de texto. El dibujo es sencillo, y los gags son inocentes y bienintencionados, con toques surrealistas y con finales violentos o tan absurdos como el ver a Don Clorato engullido por un tiburón o a nuestros protagonistas convertidos en esqueletos abandonados en una isla desierta durante diecisiete años.
Pero mejor echémosle una ojeada a estas historietas y comprobémoslo.
  











viernes, 20 de noviembre de 2020

Dibujantes españoles poco recordados

       

Luis Vigil

  
El dibujante Luis Álvarez Prieto, que firmaba como Luis Vigil [y a quien no debe confundirse con el editor, estudioso, dibujante y otras mil cosas más Luis Vigil García], era un artista sobrio y elegante que dibujó para tebeos y revistas del "Movimiento Nacional" en los años cuarenta y cincuenta, abandonando después la historieta, que sustituyó por la ilustración y la publicidad, lo que quizá contribuyó al olvido en el que ha caído entre los aficionados y la crítica. Su obra más recordada fue la colección Raj Cobra, tres cuadernos de aventuras selváticas en la tópica India del pulp.
Dedicamos hoy la entrada del blog a tratar de recuperar un poco la memoria de un artista que, a mi parecer, podría haber dado mucho más de sí en el campo de los tebeos.

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Aunque el hombre ha sido siempre un ser belicoso [y la historia apenas recuerda un momento en que no hubiera ninguna guerra en marcha], la primera mitad del siglo XX destaca como la época que vivió las más terribles contiendas que la humanidad recuerda. A finales de los años cuarenta, con la II Guerra Mundial aún muy presente y la Guerra de Corea a punto de iniciarse, en España no se habían olvidado aún los desastres y el terror de nuestra contienda civil. Las publicaciones para niños de aquellos años abundaban en historias guerreras en las que no se ahorraba violencia y destrucción. La revista Trampolín, publicada por la asociación laica de la Iglesia española Acción Católica, no era una excepción en esto. Sus páginas contenían historietas y relatos, y el lugar de honor de la portada lo ocupó en los dieciséis números iniciales la bélica narración en viñetas de Luis Vigil titulada Terror en Mongolia, que no es exactamente una historieta, pero que se acerca bastante, por su estructura y sus características, a lo que se acepta generalmente como cómic. La trama del relato mezclaba elementos fantásticos con imágenes bélicas en las que el dibujante dejaba buena muestra de su maestría tanto en el dominio de la anatomía humana como en el dibujo de maquinaria guerrera.
Terror en Mongolia trasladaba la acción a un momento indeterminado, quizá en el futuro, y a los lejanos confines de Asia, pero no es difícil encontrar viñetas que traen al recuerdo imágenes de nuestra guerra o de la contienda mundial.
    
















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Desde el número 17 de Trampolín, el privilegiado espacio de la portada fue ocupado por una novelita de tono desenfadado de Eduardo Valdés. La peripecia, de tema más o menos policiaco, se aprovechaba para hacer un indisimulado canto al Tren Articulado Ligero Garaicoechea-Oriol (Talgo), un avanzado ferrocarril obra del ingeniero Alejandro Garaicoechea Omar cuya inauguración se anunciaba por aquellas fechas, lo que justifica que en el título se hable de un suceso futuro, y así se presente en el primer capítulo: "Cuando el famoso tren superaerodinámico recorra las llanuras castellanas, sucederá que el joven periodista Javier de Uxó, llamado urgentemente por el director de la revista en que colabora con más asiduidad, habrá ocupado uno de los asientos del vagón de cola...".
Completamos esta entrada con las siete páginas de aquel relato, que Luis Vigil iluminó con hermosas ilustraciones en un estilo más comedido y menos románticamente heroico que el de Terror en Mongolia, pero igualmente eficaz y disfrutable.