Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Oesterheld. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oesterheld. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de octubre de 2020

Aventuras marinas de Oesterheld y García López

  

Roland, el Corsario

    
José Luis García López es un dibujante gallego (nació en Pontevedra en marzo de 1948, un par de meses después de que yo hubiera visto la luz en los Madriles), aunque despegó como dibujante en la Argentina y arraigó finalmente en los Estados Unidos. Admirador confeso de los grandes clásicos del cómic de prensa estadounidense (Raymond y Crane principalmente) y formado en la escuela bonaerense junto a artistas de los que dejan huella, su dibujo es cuidadoso y dinámico, con gran atención a la anatomía y un perfecto dominio de la acción.
La primera serie que llevó su firma, Roland el Corsario, fue una colección de episodios marinos escritos por H. G. Oesterheld que se publicó en la revista Fantasía, de la editorial Columba. El primer episodio apareció en el anuario número 13, publicado en enero de 1973. Quince vibrantes páginas que nos presentan a los protagonistas de la serie.
    







lunes, 23 de marzo de 2020

Kabul de Bengala

   

El solitario guerrero de Oesterheld y Altuna

   
La editorial argentina Columba publicaba un puñado de colecciones de revistas de historietas que a veces aparecían en España, traídas no sé muy bien por quién. Sus cabeceras, Intervalo, D'Artagnan, El Tony, Fantasía..., no daban muchas pistas sobre el contenido de sus páginas, y ni la baja calidad del papel ni el implacable remontaje de la mayoría de las historietas presagiaban demasiado interés, pero pese a su escaso atractivo inicial, aquellos gruesos tomos encolados con delgadas cubiertas de papel, cuyas portadas lucían generalmente fotogramas de películas de acción o imágenes de buenos ilustradores, recogían en sus "novelas completas" episodios de grandes series de prensa estadounidense y algunas de las mejores historietas en lengua española, principalmente argentina, pero también otras que llegaban incluso de la madre patria (como Adam y Evans, de Víctor Mora y José Gual, o Gringo, de Giménez).
Una de las series de procedencia argentina era Kabul de Bengala, las aventuras de un guerrero solitario que se publicaban en la revista Fantasía. Narrada en primera persona en la voz del protagonista con abundancia de cartuchos de texto, lo que era algo habitual en la obra de Oesterheld, cada episodio desarrollaba una anécdota breve en la que Kabul hacía frente a una situación que exigía no sólo fuerza y bravura, sino inteligencia y astucia.
En el episodio que llega hoy al blog, publicado en 1973 en el Anuario Fantasía número 13, Kabul aplica su ingenio para vencer en una feroz carrera de cuadrigas, de clara inspiración en el Ben-Hur de Lewis Wallace, novela que había sido llevada a la pantalla en varias ocasiones, la más cercana en el tiempo la de 1959 de William Wyler, de gran éxito. La serie de Oesterheld no es una obra maestra, pero se lee con gusto, no se limita a mostrar las hazañas de un héroe invencible, sino que rodea a su protagonista de personajes bien delineados y con fuerza y resuelve en poco más de una docena de páginas tramas que muestran la maestría narrativa de Oesterherld, y tiene a su favor el eficaz dibujo de un joven Horacio Altuna que comenzaba a despuntar como uno de los grandes artistas argentinos.

    









sábado, 10 de agosto de 2019

Más recuerdos rescatados de la burbuja

    

UNA DE INDIOS

Watami, de Oesterheld y Moliterni
  
Vuelvo a revisar el casi frío cadáver de mi primer blog, abandonado en la red hace años como un astronauta perdido en el espacio. Creía haber recuperado todo lo que mereciera mínimamente la pena, pero ayer, en una tertulia de una de esas redes sociales que, aunque no sirvieran para otra cosa, al menos tienen la virtud de refrescar a veces mi vacilante memoria, alguien comentó un libro de la argentina editorial Record que reeditaba el primer episodio de una antigua serie del Oeste de Héctor G. Oesterheld que, mira tú por dónde, yo había puesto hace años en mi burbuja. Comprobando que esta entrada no la había recuperado aún, la traigo hoy a este nuevo rincón, como vengo haciendo desde hace tiempo con otras cosas que me parecieron salvables de aquel naufragio digital. Mantengo el mismo protocolo: comienzo con esta pequeña presentación, vuelco las imágenes, convenientemente re-restauradas y repito los comentarios originales perpetrados en La Burbuja de Alejandro.
    
---ooo000ooo---
    








    
---ooo000ooo---
    
Portada de un ejemplar de Misterix.
La historieta argentina no tuvo muchas facilidades para distribuirse en España en la época dorada del tebeo. Destacan en mi memoria la firma de Oski, cuyos dibujos humorísticos aparecían en varias colecciones de Bruguera, y el Cisco Kid de José Luis Salinas, que se publicó en alguna revista gráfica, como Sucedió, si bien el caso de la obra de Salinas es especial al no tratarse de una historieta específicamente argentina, sino de material de prensa estadounidense. Revistas históricas como Patoruzú, Billiken, Intervalo, Rico Tipo, El Tony… no empezaron a verse por nuestro país hasta los años setenta, cuando llegaron también otras como Pimpinela o Misterix, aunque nunca tuvieron una distribución normal y sólo podían conseguirse por medios complicados.
Ediciones Record recuperó algunas historias de los mejores autores del tebeo argentino en su colección de libros recopilatorios Serie de Oro. Creaciones de Salinas como Los tres mosqueteros y Hernán el corsario pudieron disfrutarse por fin, aunque la edición no gozara de la calidad merecida.
Entre las obras que recogió aquella colección se encuentra uno de los más delicados trabajos del maestro Héctor G. Oesterheld: Watami.
Imagen que ocupaba
la cubierta desplegada del libro.
Se trata de una serie de relatos aparecida en la segunda época de la revista Misterix y centrada en las peripecias de un joven guerrero cheyenne cuya tribu resulta aniquilada en un ataque de los kiowas. Oesterheld no pretende con esta historia narrar la conquista del Oeste ni la lucha entre indios y blancos, sino que se limita (si puede hablarse de limitación) a reflejar la vida de los indígenas americanos antes del choque con la civilización. La escritura del gran autor del tebeo argentino brilla de manera especial en estos relatos, menos apreciados de lo que pienso que merecen. La abundancia de textos de apoyo, hoy día considerada un defecto, define un ritmo pausado que probablemente aleje a los lectores acostumbrados a la ficción actual, pero que para quien, como yo, aprendió a leer en aquellos tebeos llenos de texto es gratificante cuando añade algo que el dibujo por sí mismo no explicita.
Jorge Moliterni, encargado de llevar a la página los textos de Oesterheld, era ya cuando dibujó Watami un dibujante experimentado, con un estilo clásico, detallado y realista que se cuenta entre mis preferidos del tema del Oeste americano. Había sucedido a Hugo Pratt en las series Sargento Kirk y Ernie Pike, en las que consiguió demostrar una calidad que no desmerecía de su predecesor, además de dibujar varias colecciones de éxito, como Leonero Brent o Lord Crack. Este primer episodio de Watami puede servir de muestra de sus evidentes méritos como narrador en imágenes.
[Publicado originalmente el 20 de diciembre de 2009 en La Burbuja de Alejandro]