Tebeos sonoros
Los discos de Diego Valor
Hay trabajos mucho más serios e importantes sobre el personaje y la serie, esta entrada sólo pretende refrescar la memoria de quienes rondamos ya, o los hemos pasado, los setenta, y quizá apelar a la curiosidad de quienes no vivieron aquellos tiempos.
![]() |
El resumen radiofónico tenía su correlato en la viñeta incial de los tebeos. |
Como de costumbre, recojo la entrada antigua lo más exactamente que me es posible. Los efectos que intenté allí, y que han dejado de funcionar, los elimino, y me limito a colocar las imágenes en el lugar correspondiente. Espero que guste.
ooo000ooo
![]() |
Portada de un tebeo de la colección. |
En la historia del tebeo español hay un lugar especial para Diego Valor. Desde que a finales de 1953 comenzó la emisión del serial de Radio Madrid, la audiencia infantil fue aumentando gradualmente hasta convertir al "piloto del futuro" en el héroe por excelencia de la radio de nuestro país, y cuando llegó el momento adecuado, los cuadernillos tuvieron un éxito que no basta a justificar ni el interés de la historia, más bien escaso, ni la calidad del dibujo, por término medio baja y en muchas ocasiones realmente deplorable.
El secreto del éxito de aquella memorable aventura radiofónica hay que buscarlo en más de un elemento: seguramente no fue la ciencia ficción lo que atrajo al radioyente hacia Diego Valor. De haberse tratado de aventuras de tema medieval, como El Capitán Trueno, hubieran tenido el mismo éxito. El primer mérito hay que concedérselo a quien supo ver que la juventud no encontraba en la radio un programa pensado para ella. Y desde luego, el gran nivel técnico, unos efectos sonoros de calidad y un aparato musical adecuado y muy cuidado (el maestro Rafael Trabucchelli se encargaba de la dirección musical en los programas dramáticos de la emisora y fue uno de los ases en la manga de la cadena SER durante aquellos años). La suite de Los planetas de Holst subrayaba los momentos más emocionantes, y para quienes oíamos todas las tardes Diego Valor sigue sonando todavía cuando miramos al planeta rojo, lo mismo que la partitura de Prokofiev con la que daba comienzo cada episodio y el Himno de Diego Valor de Trabucchelli, que nos aprendimos de memoria y que aún me sorprendo a veces tarareando en la ducha.
En último lugar, pero no menos importante, el cuadro de actores de Radio Madrid contribuyó con un reparto de voces perfecto, especialmente los encargados de dar vida a los enemigos de los héroes terrestres, increíblemente estremecedores: el entrecortado y balbuceante castellano del Príncipe Diabólico, la malvada voz de su madre, la princesa Frieya, o el Gran Mekong, el primer enemigo de Valor y sus hombres. Y, naturalmente, un guión radiofónico medido al segundo.
Revisando en la memoria aquellos episodios pienso que tal vez hoy nos resultaría difícil entender su éxito, pero para aquel tiempo era un trabajo perfecto: el oyente estaba preparado para escuchar la radio con la "virginidad" necesaria, al carecer del escepticismo que la sobredosis de ficción de la televisión inyecta ahora a diario.
Los episodios tenían una duración muy corta, apenas veinte minutos, que incluían la presentación, la lectura del reparto, la despedida y la publicidad. La brevedad tiene sus ventajas, indudablemente, pero exige una agilidad en los guiones que el autor conseguía eliminando la voz del narrador y sustituyendo sus parlamentos con una pequeña introducción recordatoria de los episodios anteriores y con los diálogos, que, alejados del realismo, eran altamente descriptivos, redundantes incluso. Que aun así el resultado fuese del agrado de una audiencia juvenil demuestra que la intención del autor estaba perfectamente conseguida.
El más hispánico de los pilotos espaciales nació en 2000 en Madrid y estudió en Alcalá de Henares, según se nos informa en el Almanaque 2055 de la colección que Ediciones Cid dedicó a contar sus aventuras en Venus, Marte y otros rincones del sistema solar, pero sus peripecias vienen de mucho más atrás. Todo comenzó cuando la compañía publicitaria vinculada a la cadena SER que poseía los derechos para España de un personaje británico de ciencia ficción, Dan Dare, nacido en el primer número de la revista Eagle, tomó la decisión de convertirlo en un programa radiofónico. Hasta aquel momento, los seriales eran un género exclusivamente femenino, y la idea de un espacio dedicado a la aventura para los niños demostró ser una apuesta inteligente. Diego Valor, en principio un lanzamiento dirigido a la audiencia infantil, amplió rápidamente su público, y muchos adultos siguieron con interés las hazañas de los aventureros interplanetarios españoles.
El secreto del éxito de aquella memorable aventura radiofónica hay que buscarlo en más de un elemento: seguramente no fue la ciencia ficción lo que atrajo al radioyente hacia Diego Valor. De haberse tratado de aventuras de tema medieval, como El Capitán Trueno, hubieran tenido el mismo éxito. El primer mérito hay que concedérselo a quien supo ver que la juventud no encontraba en la radio un programa pensado para ella. Y desde luego, el gran nivel técnico, unos efectos sonoros de calidad y un aparato musical adecuado y muy cuidado (el maestro Rafael Trabucchelli se encargaba de la dirección musical en los programas dramáticos de la emisora y fue uno de los ases en la manga de la cadena SER durante aquellos años). La suite de Los planetas de Holst subrayaba los momentos más emocionantes, y para quienes oíamos todas las tardes Diego Valor sigue sonando todavía cuando miramos al planeta rojo, lo mismo que la partitura de Prokofiev con la que daba comienzo cada episodio y el Himno de Diego Valor de Trabucchelli, que nos aprendimos de memoria y que aún me sorprendo a veces tarareando en la ducha.
![]() |
El malvado Gran Mekong. |
Revisando en la memoria aquellos episodios pienso que tal vez hoy nos resultaría difícil entender su éxito, pero para aquel tiempo era un trabajo perfecto: el oyente estaba preparado para escuchar la radio con la "virginidad" necesaria, al carecer del escepticismo que la sobredosis de ficción de la televisión inyecta ahora a diario.
Los episodios tenían una duración muy corta, apenas veinte minutos, que incluían la presentación, la lectura del reparto, la despedida y la publicidad. La brevedad tiene sus ventajas, indudablemente, pero exige una agilidad en los guiones que el autor conseguía eliminando la voz del narrador y sustituyendo sus parlamentos con una pequeña introducción recordatoria de los episodios anteriores y con los diálogos, que, alejados del realismo, eran altamente descriptivos, redundantes incluso. Que aun así el resultado fuese del agrado de una audiencia juvenil demuestra que la intención del autor estaba perfectamente conseguida.
El más hispánico de los pilotos espaciales nació en 2000 en Madrid y estudió en Alcalá de Henares, según se nos informa en el Almanaque 2055 de la colección que Ediciones Cid dedicó a contar sus aventuras en Venus, Marte y otros rincones del sistema solar, pero sus peripecias vienen de mucho más atrás. Todo comenzó cuando la compañía publicitaria vinculada a la cadena SER que poseía los derechos para España de un personaje británico de ciencia ficción, Dan Dare, nacido en el primer número de la revista Eagle, tomó la decisión de convertirlo en un programa radiofónico. Hasta aquel momento, los seriales eran un género exclusivamente femenino, y la idea de un espacio dedicado a la aventura para los niños demostró ser una apuesta inteligente. Diego Valor, en principio un lanzamiento dirigido a la audiencia infantil, amplió rápidamente su público, y muchos adultos siguieron con interés las hazañas de los aventureros interplanetarios españoles.
![]() |
Jarber. |
![]() |
Geyper convirtió la perforadora del espacio en el juguete que todos los niños querían. |
![]() |
Página editorial del Almanaque de Diego Valor para 2055. |
![]() |
Ficticia entrevista con los dibujantes de los tebeos publicada igualmente en el mismo almanaque. |

![]() |
Anverso y reverso de la carpeta interior del primer disco, con el vinilo rosa. |
![]() |
Segundo disco, de color azul. |
(Publicado originalmente en La Burbuja de Alejandro el 22 de febrero de 2009)
No hay comentarios:
Publicar un comentario