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miércoles, 14 de junio de 2017

¡Todo tiene su fin!


¿Cómo acabó aquello?

El desenlace de algunas series y colecciones


La canción más oída de Los Módulos viene muy bien para esta entrada, que trata de la caducidad de todo empeño humano

El acceso a los últimos números de las colecciones de tebeos en régimen de continuará tampoco resultaba demasiado fácil. Llevo buscando la última aventura del gran Ben Bolt desde que concluyó la colección, y no me ha sido posible todavía encontrarla. Tengo mucho interés en ella porque se trata de un final inesperado y sorprendente.

En esta entrega intentaré mostrar cómo concluyeron varias series de prensa y colecciones clásicas a las que he tenido acceso. Este material lo había ido presentando en Facebook el año pasado. Lo recupero aquí y lo organizo y presento con un poco más de orden.

Big Ben Bolt

Comenzaré por la secuencia final de la serie de Elliott Caplin y John Cullen Murphy, que fue la que me dio la idea. Como he dicho, no he conseguido leer este episodio de Big Ben Bolt completo, sólo me ha sido posible encontrar cuatro tiras (falta la penúltima, además) publicadas en el periódico La Nación de Costa Rica (por gentileza de mi amigo Antonio, mago en esto de la pesca de tesoros en la red). Este pequeño tramo final de la historia alimenta la sospecha de que la insólita conclusión no era premeditada, ya que la acción queda en suspenso, el asesino libre, y el sospechoso personaje que dice la última palabra, preguntándose si su engaño podría ser descubierto. No parece lógico pensar que fuera la intención de los autores dejar en el aire la respuesta a esas preguntas.
Primeras tiras de la serie.
Big Ben Bolt fue en su inicio una serie deportiva escrita por Elliot Caplin y con certero dibujo de John Cullen Murphy, centrada en un joven aspirante a boxeador que arriba a su país, que no conocía por haber nacido en el extranjero, y consigue alcanzar el cetro de campeón de la categoría máxima. Sus aventuras derivaron entonces hacia otros campos, con historias de aventuras, detectivescas, románticas y periodísticas que se prolongaron durante veintiocho años. En esa dilatada carrera otros muchos dibujantes participaron en la serie (Al Williamson, Joe Kubert, Frank Giacoia, Carlos Garzón...). En el momento de su desaparición era Neal Adams quien se hacía cargo del dibujo. Por todo ello, me parece un caso muy especial el de este abrupto fin para una serie que los aficionados recordamos con cariño.

Página dominical de Murphy.
Tiras de 1959, época en la que el mundo del boxeo era el tema central.
Éstas son las tiras con las que concluyó el recorrido del joven Bolt por el mundo de papel; como se puede observar, falta la penúltima tira y la acción queda interrumpida en un momento inquietante, con el protagonista supuestamente asesinado de un disparo de rifle y el supuesto culpable libre de sospechas:

 

Casey Ruggles

Página de Al Carreño.
He sido incapaz de localizar las últimas viñetas de esta serie del Oeste, aunque llevo mucho tiempo buscándolas. Tengo la esperanza de que las actuales y cuidadosas reediciones de material clásico que se están publicando últimamente permitan por fin descubrir el fin real de Casey Ruggles. Encontré, eso sí, la última página dibujada por Warren Tufts, el creador de este colosal western, y no he podido evitar incluirla en esta entrada, pero de Al Carreño, autor que se encargó de la serie tras el abandono de Tufts, sólo aparecen por la red algunos originales ofrecidos en subastas. Las muestras que incluyo son la primera página dominical (22-V-1949, con el inicio de la serie), las dos primeras tiras diarias (14 y 15-IX-1949) y la última página dominical de Tufts, publicada el 5-IX-1954. La imagen de la derecha es una reproducción en blanco y negro de la página de Carreño de fecha 23-I-1955.




Piel de Lobo

Pasamos ahora a nuestros tebeos, y llega la hora de visitar la Edad de Piedra de Manuel Gago, con el fin de la colección de Maga Piel de Lobo, una serie aventurera de improbables peripecias en una época prehistórica absolutamente fantástica, sin el menor asomo de veracidad (ni maldita la falta que le hacía).

Portada del último número de la colección.
Manuel Gago había visitado la Prehistoria ya en la editorial Valenciana con las hazañas de Purk, el hombre de piedra, pero cuando, ya casi en los años sesenta, abordó para su nuevo sello Maga otra colección sobre aquellos tiempos míticos lo hizo con un espíritu mucho menos épico y más lúdico y bienhumorado. En lugar de venganzas y batallas, nos deleitó con mundos imposibles, bestias inimaginables y magia potagia en un espacio casi surrealista. Con esta página terminaron las aventuras de Taim, Luana, la loba Buma y el Mago Garú con su cóndor mágico:


Bengala

Siguiendo en España abordamos ahora otra colección de la editorial Maga, Bengala, con guión de Pedro Quesada y dibujo de José Ortiz.

Maga llevó a los quioscos algunas de las más eficaces y divertidas colecciones de aventuras de finales de los años cincuenta, entre ellas varias de ambiente selvático. Bengala era otro personaje tarzánido, pero sus peripecias no se desarrollaban en África, sino que tenían lugar en una India muy "de cine", y se prolongaron durante dos épocas que sumaron noventa y nueve cuadernillos semanales más dos almanaques. La última viñeta, a diferencia de lo que solía ser habitual, no mostraba a la pareja protagonista, sino a los secundarios humorísticos en una escena chistosa.

En el primer número de la colección se deslizó una erratilla que me parece simpática sobre los apéndices auditivos instintivos de los félidos, que puede apreciarse en la viñeta reproducida a la izquierda.

Se incluyen la portada del primer número y la del último (ambas por cortesía de Tebeosfera) y la viñeta final de la serie.



Apartment 3-G

Entre los melodramas románticos en viñetas de la prensa estadounidense destacaron The Heart of Juliet Jones, donde destacaba la excelente labor del dibujante Stan Drake, y, especialmente, Mary Perkins On Stage, de Leonard Starr, quizá el único caso de este tipo de cómic en el que el guión está a la altura de la calidad del dibujante.

Así era la serie en manos de Kotzki. Página dominical en formato apaisado.

Otra página dominical de Kotzki en formato horizontal.
Apartment 3-G nació el 8 de mayo de 1961 de la mano de Alex Kotzki, otro buen dibujante bregado en las aventuras aéreas de Blackhawk, que ilustraba los guiones de Nicholas P. Dallis que narraban las peripecias, principalmente amorosas, de tres jóvenes que compartían el neoyorquino apartamento del título: la morena Margo Magee, la pelirroja Tommie (Abigail) Thompson y la rubia Lu Ann Powers. La serie tuvo un muy digno recorrido, manteniéndose sus autores hasta la muerte de Kotzky, en 1996, y tomando el relevo el hijo del dibujante, con guiones de la escritora Lisa Trusiani. 

Página de Kotzki en formato vertical.
A partir del año 2000 la tira pasó a manos de otra escritora, Margaret Shulock, y del veterano dibujante Frank Bolle. Desde ese momento, la serie comenzó a perder el norte. Los guiones eran cada vez más confusos, las historias se hacían difíciles de seguir y, por otra parte, el dibujo de Bolle, que rondaba los ochenta años, era cada vez más vacilante, monótono y falto de interés. Las viñetas repetían una tras otra los mismos enfoques, los fondos casi habían desaparecido, los personajes no tenían la menor fuerza... hasta que el domingo 22 de noviembre de 2015, sin aviso ni conclusión (aunque era algo ya muy esperado y sospechado), la serie quedó cancelada.

Los lectores interesados (muchos al parecer, sorprendentemente) se hicieron eco en las redes sociales del caso, comentando intrigados la misteriosa aparición en la última viñeta de un perrito hasta ese momento desconocido en la serie... Son cosas curiosas. La lástima es ir comprobando cómo este tipo de ficción gráfica, el melodrama por entregas o "soap opera", va muriendo, aplastado primero por la televisión y ahora quizá por el fenómeno de la "novela gráfica" con su aspiración de qualité.

Ésta fue la última página de la serie. La firma del dibujante dejó de figurar en las viñetas algún tiempo antes de la cancelación.


El Espadachín Enmascarado 

Portada del primer número de la colección
El Espadachín Enmascarado fue mi héroe preferido de los que dibujó Manuel Gago, aunque Piel de Lobo y El Corsario Sin Rostro también estaban entre mis favoritos. Corrían los últimos años cincuenta y uno andaba ya por los diez añitos. Faltaba casi un lustro para que llegara el deslumbramiento capilar con los Beatles, pero por alguna razón me gustaban los tirabuzones del enmascarado galo, e igualmente la melena al viento del Capitán Trueno. La serie de Gago se cerró con el número 252, aunque quedó por publicar al menos otro con dibujo de Quesada del que se distribuyó una copia junto con no recuerdo qué revista allá por los años ochenta o noventa. Otra curiosidad fue la censura que sufrió la portada del número 127, que tuvo que ser redibujada, censura sorprendente que aludía a la violencia de una imagen en la que el Espadachín caía derribado de un botellazo. Pareciera que las muertes a espada o los ahorcamientos eran menos violentos que las botellas (esta anécdota la encontré explicada en una publicación que no consigo recordar, por lo que no puedo reconocer debidamente al autor y agradecer el uso de la imagen de portada). Curiosamente, en la portada que pasó la censura no es una botella la que se emplea contra el héroe, sino un barril (!!!).
Aquí están la portada censurada y la finalmente publicada:


Y aquí la portada del último número y la página que puso el punto final a las correrías del enmascarado galo:


  Mandrake the Magician

En las primeras décadas del siglo pasado los escenarios de teatros y cabarés acogían a gran cantidad de magos, escapistas, hipnotizadores y mentalistas. El cómic se hizo eco de ello presentando en sus viñetas a muchos protagonistas que ejercían aquellas funciones. Mandrake fue en principio uno más, con la ventaja de aparecer en las tiras de prensa y no en comic books, además de contar con un autor, Lee Falk, dotado extraordinariamente para la creación de aventuras extraordinarias para su héroe, y un dibujante, Phil Davis, menos exquisito que Foster o Raymond, pero con un encanto que engancha. Lee Falk afirmó siempre que Mandrake el mago era su personaje favorito, y a lo largo de las décadas escribió para el hombre de la chistera cientos de episodios, volcando en ellos su capacidad para la fantasía y la aventura.

El sucesor de Davis fue Fred Frederics, dibujante más rutinario pero que mantuvo a Mandrake vivo hasta que, ya muy mayor, tuvo que abandonar sus tareas dejando la aventura inconclusa debido a sus problemas de visión con la tira del sábado 6 de julio de 2013, falleciendo dos años después. Desde entonces siguen reeditándose episodios de la última época de la serie (las páginas dominicales se suprimieron hace ya mucho tiempo).


Es lastimoso comparar estos pobres dibujos con lo que había sido la saga en sus mejores momentos, cuando navegó por el mundo maravilloso de la fantasía. Estas tiras de 1936 de Phil Davis que adjunto ahora dejan un mejor sabor de boca, aunque donde brilló el mago moderno con toda su fuerza fue en las coloridas páginas dominicales de los primeros tiempos, como puede apreciarse en las dos muestras que figuran más abajo:



Flash Gordon

La famosa primera página de Flash Gordon.
Flash Gordon es una serie que ha atravesado por varias épocas muy diferenciadas: nació como una épica aventura espacial, pasó por una etapa en la que la narración perdió importancia ante el desenfrenado virtuosismo artístico de Raymond y tras el fallecimiento de éste se hundió en una caída de interés cada vez más peligrosa, pese al indiscutible valor artístico del trabajo de MacRaboy. Llegó luego un momento dulce en el que las recuperadas tiras diarias convirtieron la romántica historia en una odisea de ciencia ficción adornada con una ilustración hermosa y eficaz. Pasó el tiempo, Barry fue sucedido por otros dibujantes y Flash Gordon volvió a sumergirse en un sobrevivir cada vez menos interesante, hasta que se recuperó la página dominical y se puso en manos de Jim Keefe (un dotado artista formado en la academia de Joe Kubert), clausurándose la tira diaria.

Keefe comenzó su trabajo con el héroe raymondiano el 21-I-1996, y lo mantuvo en escena hasta el domingo 16 de marzo de 2003, cuando Flash, Dale y el doctor Zarkov consiguieron dar fin a la epopeya que se inició otro domingo allá por julio de 1934 (aunque en la última viñeta se anunciaran nuevas aventuras que nunca existieron, y a pesar de que sigan publicándose una y otra vez en la red y en la prensa los episodios de Keefe). Éste fue el final de la aventura:


Steve Roper & Mike Nomad

Página de Big Chief Wahoo.
Esta historieta, una de las pioneras del cómic, había nacido en noviembre de 1936 como western humorístico con el título Big Chief Wahoo, con guión de Allen Saunders y dibujo de Elmer Woggon. Sus autores la habían ofrecido al syndicate como The Great Gusto, pero la agencia prefirió para el título el nombre de un personaje secundario. La serie fue derivando hacia la aventura, perdiendo el tono humorístico cuando se incorporó, a principios de los años cuarenta, el fotógrafo y reportero Steve Roper, convertido finalmente en el nuevo titular. Aún había de aparecer un nuevo personaje central en la década siguiente, el aventurero de ascendencia polaca Mike Nomad. 

En España no se vio mucho material de esta serie, algunas "novelas gráficas" de Ferma (una colección propia y algunos episodios en la de James Bond), con dibujo, creo, de Overgard. 

Big Chief Wahoo fue cambiando de título a medida que los nuevos personajes adquirían importancia: Big Chief Wahoo and Steve Roper, Steve Roper, Steve Roper & Mike Nomad (a la izquierda, primera página de una edición en comic book).

John Saunders, hijo del autor original, se hizo cargo del guión tras su padre, y como dibujante tomaron el relevo primero William Overgard y finalmente, hasta su culminación el 26 de noviembre de 2004, Frank Matera. Matera despidió la serie en la tira del sábado 25 de noviembre de 2004 autocaricaturizándose en ella, y le dio fin con la página dominical. Éstas son la tira del sábado y la página dominical:


 

El Cosaco Verde

La historia del Cosaco Verde y sus amigos muestra el agotamiento de la fórmula. La fórmula a la que me refiero era la tan usada en los tebeos de la época clásica del cuadernillo de aventuras, con el apuesto y valeroso héroe acompañado por un escudero juvenil y un hercúleo secundario muchas veces con otra presencia cómica, y siempre en segundo plano la figura femenina. Esta fórmula funcionó y se repitió innumerables veces, alcanzando su mejor momento en las aventuras iniciales del Capitán Trueno. En esta colección ya resultaba algo acartonada, aunque Mora aún volvió a ella más tarde con la última saga que escribió para Ambrós, El Corsario de Hierro. Aquí está la portada del último número de la colección, y con ella la viñeta final:


El "Cachorro"

Espectacular portada del primer número.
Si hubo un autor incapaz de soportar imposiciones sobre su trabajo podemos suponer que fue Juan García Iranzo. Todas sus historietas las realizó con la misma entrega, con su inimitable estilo, con sus defectos y sus virtudes, sin aceptar la ayuda de otros dibujantes en el entintado como la editorial sugirió para acelerar su producción y convertirla en semanal. Quizá esto motivó el fin de una de las colecciones con más éxito de finales de los años cincuenta.

Acción desenfrenada desde la primera viñeta
en el número 47 de la colección.
Realmente El "Cachorro", una de las más honradas series del tebeo español, no figura entre las que mejor han envejecido, con esos cartuchos de texto abrumadores y la desenfrenada acción muchas veces con poca excusa... pero quienes la leímos en su día, no podíamos encontrar placer comparable. No era fácil entonces seguir una colección semana a semana (en este caso quincena a quincena), al menos para mí, ya que mis finanzas no es que fueran escasas, sino que no existían, dependía de la buena voluntad de mis mayores para comprar tebeos, y la voluntad, aunque no faltaba, no llegaba para mucho. La lectura entonces sólo era posible mediante los intercambios con otros chavales o el préstamo de los más generosos de los acaudalados. Eso significaba que seguir la historia no fuera un proceso lineal, sino que íbamos leyendo los números que aparecían, completando los huecos con la imaginación y rellenándolos cuando la suerte nos proveía de los números perdidos.

Así terminó la historia del grumete Miguel, el "Cachorro":


Little Orphan Annie

Página de Leo Starr.
La casi interminable serie de Harold Gray, otra de las pioneras del noveno (¿octavo, décimo?) arte, terminó el 13 de junio de 2010... de mala manera, con la protagonista desaparecida y su padre adoptivo desesperando de encontrarla. La jubilación de Ted Slampyak, el dibujante que cubrió la última época de las aventuras de la pizpireta jovencita (antes que él la serie pasó, entre otros, por las manos de Leonard Starr), fue seguramente el motivo de aquel abrupto desenlace, que años después encontró su solución en otra longeva serie, Dick Tracy, ésta todavía en activo. El guionista Mike Curtis introdujo en el guión a los personajes de Annie, retomando la acción interrumpida en una vuelta de tuerca en la que Tracy recibe el encargo de buscar a la desaparecida huérfana. El arco argumental, con un tratamiento gráfico por parte de Joe Staton muy respetuoso con el estilo clásico de ambas series, concluyó el 12 de octubre del mismo año, dando fin, quizá ahora para siempre, a las andanzas de la niña de los ojos sin pupilas.



Al fin, tras tantas peripecias, las aventuras de Annie y su papaíto millonario dieron fin el domingo 12 de octubre de 2014 en las viñetas de la serie hermana de King Features Syndicate Dick Tracy, por obra y gracia de Mike Curtis y mediante los pinceles de Joe Staton.


1 comentario:

  1. Una vez publicada esta entrada recibo una merecida admonición de mi amigo Antonio the Magician por no haberle consultado sobre el por mí ignorado final de `Casey Ruggles´. Además de la regañina, Antonio me facilita las tiras de Al Carreño con las que dio fin la serie de Warren Tufts. En una próxima entrada podré incorporarlas y rellenar así el hueco que dejó hoy. Mi agradecimiento, Antonio, y mis excusas por este descuido.

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