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sábado, 13 de mayo de 2017

El cómic viñeta a viñeta

Juliet Jones, de Stan Drake

Imágenes pedestres...


Si en la literatura la palabra es la unidad esencial, en la historieta ese papel le corresponde a la viñeta. Y del mismo modo que la palabra, que tiene un sentido propio en sí misma, engarza su significación al unirse a otras, la viñeta convierte su significado único en una acción cuando se encuentra enlazada a una cadena de otras imágenes. El lector generalmente apenas presta atención al sonido de las palabras cuando lee en silencio, atento sólo a la narración que se le presenta, pero en su mente no deja de resonar la música de cada palabra cuando las lee.
''Juliet Jones', 17-III-1954.
En la historieta esto es más evidente: cuando "leemos" una historieta seguimos con atención el relato que se nos narra, pero el ojo mira y disfruta cada rasgo, cada mancha, cada color de todas y cada una de las viñetas, y de vez en cuando queda prendido en una imagen que le detiene en su lectura y le embelesa o le intriga. Al menos ésa es mi experiencia y quizá uno de los motivos de mi afición a la lectura de historietas. Y no me estoy refiriendo a la calidad del dibujo, ni siquiera a la belleza del mismo, sino a otra cosa, algo que se transmite desde esas imágenes y conecta con quien las mira.
'Trueno' 101, 8-IX-1958.
Desde mis primeros contactos con los tebeos, allá a principios de los años cincuenta del siglo pasado, empezaron a grabarse en mi recuerdo algunas imágenes que no se han borrado nunca. La más antigua es una portada, creo que del Jaimito de Valenciana, quizá de Liceras, con una historieta en la que unos viajeros temblaban de miedo al ver avanzar hacia ellos una fantasmal figura de brillantes ojos que en la última viñeta se descubría que se trataba simplemente de un vehículo que viajaba por la misma carretera en sentido contrario. La viñeta en la que hacía su aparición aquella imagen fantasmal encandiló al niño de cinco o seis años que yo era entonces, y no he conseguido volver a encontrarla a pesar de buscarla durante años. Quizá sea mejor así, porque aquel niño se fue hace mucho y es probable que aquella imagen me defraudara hoy.
Más tarde a aquella viñeta se unieron otras de Roberto Alcázar, de El Guerrero del Antifaz o de El Espadachín Enmascarado, del FBI y Jeque Blanco, muchas de El Capitán Trueno (¡las de Takunga, el mono gigante al que derribaban nuestros héroes con una ballesta enorme instalada en el globo del mago Morgano!) y otras mil que se agolpan en mi memoria, pero llegó un momento en que descubrí, de la mano de la editorial Dólar, las series de prensa "adultas", con su estilo de dibujo "fotográfico", que con mis nueve o diez años me parecieron algo extraordinario y distinto a todo lo que había visto hasta entonces: Rip Kirby, Ben Bolt, el Flash Gordon de Barry... y Juliet Jones.
18-IV-1959
En las novelas gráficas de la Serie Magenta descubrí a la morena Julieta y su pizpireta hermana Eva en unas historias que probablemente no me hubieran interesado demasiado a no ser por el expresivo dibujo, lleno de viñetas de detalle, que veía como algo superior a los dibujos de los tebeos de aventuras "corrientes". La primera que recuerdo mostraba en primer plano, ocupando media viñeta, el zapato de un personaje que avanzaba hacia el foco, y al fondo otra figura que hablaba dirigiéndose al primero. Revisando la serie ahora me doy cuenta de que Drake repitió aquel punto de vista frecuentemente, unas veces con finalidad narrativa (mostrar un papel que cae o enfocar a un personaje caído en el suelo), pero en la mayoría de los casos sólo con motivación estética.
'Juliet Jones', primera tira (19-III-1953)
El primer episodio parecía anunciar un relato de tono dramático, al estilo de los por entonces habituales seriales radiofónicos de Guillermo Sautier Casaseca en la cadena SER, con una perversa y frívola Eva que se mostraba una lolita de las de armas tomar seduciendo al ingenuo novio de su hermana mayor, lo que daba lugar a un tenso final que parecía que iba a ser la tónica de la serie. Sin embargo, esto cambió casi inmediatamente, y pronto quedó la tira reducida a una cadena de románticos y edulcorados episodios, con una serena y madura Julieta modelo de muchacha íntegra y la caprichosa rubita transformada en un dechado de perfecciones, siempre dispuesta, eso sí, a enamorarse de los hombres menos aconsejables. Tampoco la hermana mayor se quedaba atrás en esto, pasando de unos amores a otros episodio tras episodio. Como en muchas de aquellas tiras que se prolongaron durante décadas, la propensión a repetir temas, argumentos, caracteres e incluso guiones casi completos no faltaba en Juliet Jones, limitada por su enfoque y su carácter a escasas variaciones temáticas.
Las traducciones de estas historietas eran de agencia, y era costumbre que se pasaran al castellano los nombres propios, por lo que no es raro encontrar Migueles, Pacos, Cornelios, Tucos, Titos, Tulas o Hilarias, que ya entonces resultaban involuntariamente cómicos.
18-IV-1953
Los guiones fueron enhebrando historias cada vez más alejadas de la vida "normal" que parecía pretenderse, y las dos hermanas y su ingenuo papá atravesaban por situaciones de lo más complicadas, con noviazgos, negocios, estudios, timos y estafas y otros avatares, hasta llegar a convertir a Julieta en la alcaldesa de Devon, la ficticia ciudad en la que residía la familia. Más adelante llegó la boda de Julieta, y Eva le arrebataría a su hermana el papel protagonista en muchos de los episodios, pero eso ocurría ya en los años setenta, y conozco poco esa época, sólo he leído los tres números publicados por Ediciones Druida en 1982 en la colección Chicas Audaces, donde se presentaba en un texto introductorio a Julieta y Eva Jones como "auténticas heroínas de nuestro tiempo" y se describían sus peripecias como "no muy diferentes de las que habitualmente afectan a cualquier muchacha de carne y hueso". Curioso juicio sobre dos personajes que saltaban de aventura en aventura de la manera menos "habitual". En esos episodios de los años setenta, por otra parte, han desaparecido casi por completo las viñetas detalle, y el trabajo del dibujante parece haberse reducido a una fórmula experimentada sin más alardes estéticos ni búsquedas de nuevas formas narrativas.
El material que se ha escaneado para esta entrada es el que se publicó en la Serie Magenta de Dólar a principios de los años sesenta. Con sus remontajes, su papel de estraza, sus textos de apoyo que "adornaban" la serie con toques didácticos y moralina nacionalcatólica, la reproducción de las viñetas era menos defectuosa que las de muchas reediciones que se han intentado luego (las de Maisal, Druida e incluso la de la propia Dólar en las nuevas novelas gráficas grapadas de unos años después). Quizá es cosa mía, que siempre preferí para los tebeos la impresión tipográfica antes que el offset y el papel barato que amarillea mejor que el blanco impoluto.
Tira del 3-XI-1958.
Veamos pues algunas de aquellas imágenes pedestres de Stan Drake (no empleo el adjetivo en sentido negativo, tan sólo descriptivo; de alguna manera, parece que los pies atraían a nuestro dibujante). No todas la viñetas que se incluyen en la entrada están tomadas en contrapicado, he buscado algunas con otro punto de vista que se centran o muestran destacados los pies de los personajes. Quizá otro día debiera añadir imágenes de Drake que le muestren como el gran dibujante que era, pero en este caso he querido sólo jugar un poco con el recurso empleado en estas viñetas a ras de suelo. Esta entrada no pretende otra cosa que ofrecer una mirada cariñosa sobre una historieta que dejó un buen recuerdo en muchos aficionados.

27-VI-1954
13-XI-1954
10-III-1955
10-IV-1955
10-III-1956
26-IX-1956
3-I-1957
12-V-1958
25-IX-1958
26-X-1958
10-XI-1958
6-IV-1959
14-V-1959
27-III-1960
29-IV-1960
27-VII-1960
3-VIII-1960
29-VIII-1960
30-VIII-1960
27-II-1961
11-IX-1961
19-II-1962

29-III-1962
31-III-1962
13-VII-1962
29-VIII-1962
30-VIII-1963
21-II-1964
14-III-1964
20-III-1964
27-X-1964
22-VI-1965
28-XI-1965
20-XII-1965
27 y 28-I-1966
8-VII-1966

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